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La Pequeña comeflor

5 sensaciones en Uruguay

Cuando se viaja de trabajo, la rutina es un agite.

Especialmente si está haciendo un web show como 3 Travel Bloggers, en el que intentamos enseñarle a otras personas cuántas cosas maravillosas se pueden conocer en un destino, lo hacemos desde 3 puntos de vista y tenemos un número de días limitado para grabarlo todo.

Rara vez hay tiempo para detenerse a asimilar concienzudamente lo que uno está viviendo, olviden dedicarse a la contemplación sin límite o decidir que te quedas todo el día sentada viendo para allá porque sería aburridísimo mostrar eso en la pantalla.

Sin embargo, ningún destino pasa en vano por la vida del que disfruta degustarlos, y a mi ese paso por Montevideo, Colonia y Punta del Este hasta el Faro José Ignacio, me dejó sensaciones, muchas sensaciones.

Voy a compartir cinco de ellas con ustedes:

Montevideo no es pretenciosa

Al contrario, tiene aire de bohemia intelectual, cafeterías con muebles antiguos, libreros conversadores y abundante intercambio de ideas. Tiene edificios antiguos, calles modernas y boulevares tradicionales, huele a mate cuando la brisa del río serena. Tiene alguna estación de tren que vio años mejores. Tiene una rambla entera que celebra al río y eso me lleva a la segunda sensación.

El río es un mar

Montevideo abraza al Río de la Plata como el ente inmenso que fluye junto a ellos. La Rambla de Montevideo tiene 22km de largo que celebran la dicha de tener agua cerca, tiene playas, monumentos, parques, restaurantes, escuelas de kitesurf y banquitos para tomar el mate viendo el atardecer. Permite que la vista se lance al infinito y que la brisa encuentre puerta franca en esta ciudad. Lo amé.

En Casapueblo me enamoré de Paez Vilaró

Y ahora sueño con tener uno de sus hermosos soles conmigo. En Casapueblo conocí a su hermosa mujer, abracé uno de sus gatos, paseé por su taller y vi sus fotos con sus amigos y sus pinceles y los mueblecitos de la sala. También el atardecer que pintó de rosado mientras las palabras del maestro se deslizaban declamando sobre el mar. Lloré un poquito varias veces.

Los viñedos son amor

En forma de maticas ultra fuertes y frágiles a la vez que son protegidas desde hace milenios y organizadas con cablecitos para convertir sus frutos en elixir. Qué bonitos son los personajes que se dedican al vino con pasión, los que prefieren hacer poco y bueno, los que adoran tocar con las manos su vid y poner los pies sobre su tierra, la que permite todo el milagro. Conocer y degustar Alto de la Ballena, fue magia bonita.

Uruguay natural

Es el slogan de la marca país y resulta acertado. Fue lo que más me sorprendió. Desde los humedales junto a la urbe, la felicidad del Río de La Plata, los verdes de Colonia y el paisaje único de sus costas, tan gigante, tan bucólico, tan inmenso y bonito como puesto con pinceles. Me quedé con ganas de alquilar un carrito con Gabo y pasarnos un par de semanas descubriendo playas gigantes y bosquecitos perdidos en la planicie, porque lo natural fue lo que más amé de Uruguay.

 

Todas esas sensaciones las viví mientras grababa esto, no dejen de verlo, quizá así me entienden mejor 🙂