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La Pequeña comeflor

MIS RAZONES PARA SEGUIR

Hace unos días, mi amigo Maikel Melamed me invitó a ser la moderadora y abrir con una palabras en un evento organizado por tres jóvenes  que fueron elegidos por la Embajada Americana para representar a Venezuela en el Global Enterpreneurship Summit en la India en el 2017.

Ellos son Verónica Ruiz del Vizo, la reina pepeada de las comunicaciones digitales, Juan José Pocaterra, experto y visionario tecnológico y Andrés Simón Gonzalez, revolucionario de la medicina en tiempos de la comunicación móvil. Como ven, sus nombres tienen enlaces para que los busquen y se dejen inspirar por sus trabajos y visiones de futuro.

Yo, teniendo la oportunidad de reunirme con un salón lleno de tercos que en medio de esta debacle de país querían recibir inspiración, información y conocimientos para comenzar a planificar el futuro y la reconstrucción de Venezuela, preparé estas palabras que Gabo, mi novio querido, puso en sus historias y que luego me escribieron para pedir que las publicara.

Es una pregunta que me hacen a menudo y un tópico espinoso que casi siempre me hace llorar. Estas son MIS razones para continuar. No pretendo que sean las tuyas, no busco hacerte cambiar de opinión ni sentirme mejor o peor que nadie. Esto es lo que me sale de las entrañas y sólo quiero compartirlo.

Foto cortesía de @regulogomez

“Buenas tardes y mucho gusto, mi nombre es Arianna Arteaga Quintero, soy periodista, fotógrafa y viajera, nací en Boston hace 37 años (osea estoy en un evento de MI Embajada), pero crecer en Venezuela me hizo profundamente venezolana.

No me siento sembrada en Venezuela como mi madre, a mi el mundo entero me produce mucha curiosidad y sí me veo viviendo un año en una kombi por Brasil o en Indonesia seis meses aprendiendo a respirar. Pero… de querer, de importarme, de sentir que lo que hago tiene un propósito que vale la pena, que inspira y construye eso sólo me pasa aquí y por eso inventé con viajaelmundo HT Venezuela Te Quiero. Porque la quiero desbocadamente con sus maravillas y sus miserias, que es la única manera en que yo sé amar.

Todos los que estamos hoy aquí, SEGUIMOS en Venezuela, -es que ese verbo de “quedarse” me choca yo no me quedé en Venezuela, yo sigo, avanzo y me movilizo en Venezuela- el caso, es que a veces tenemos la sensación de que somos los sobrevivientes de una masacre zombi: nos deprimimos porque tenemos los afectos regados por el mundo, nos toca lidiar con una realidad durísima y vivimos en una eterna incertidumbre porque es imposible saber qué va a pasar aquí.

Sin embargo, no sé ustedes, pero yo estoy aquí porque es aquí donde quiero estar.

Tengo perfectamente claro que puedo ayudar a reconstruir mi país desde otras latitudes y me enamoro de cada venezolano que lo hace porque tienen el cuerpo por allá lejísimo, pero una parte del alma sigue y seguirá siempre aquí.

Pero yo, Arianna, necesito estar aquí, palparlo muy de cerca, verle la cara de sufrimiento, de risa, de logro, de tristeza, de empeño, triunfo y solidaridad a mi gente. Necesito poder abrazarlos con estos brazos flaquitos, necesito poder encontrarme con todos esos salmones que, como yo y como nosotros, nadan a contracorriente porque entendieron que la reconstrucción tiene que empezar ya y que si no nos arremangamos y comenzamos nosotros ¿A quién se lo vamos a dejar?

Porque el futuro, queridos míos está aquí y los que sabemos vivir el presente nos estamos preparando para ello.

Y antes de cerrar, les voy a confesar algo sólo a ustedes.

Cuando me dicen, “quizá no te toque vivir para verlo”, me guindo a llorar y también sonrío, porque me produce un inmenso orgullo verme como parte de la generación que reconstruyó este país para que sus hijos lo disfrutaran, porque si esta crisis se llevó una parte de mi por delante, no se llevó mi generosidad, ni mi dignidad, ni mi solidaridad, ni mi libertad para tomar decisiones, ni mis ganas de seguir, y yo con eso estoy dispuesta construir un mundo.

Estas cuatro personas que tenemos hoy en panel, comparten mucho de esta visión, así que los dejo con ellos y sus hermosas herramientas de construcción de sueños.”

Foto cortesía @regulogomez

  • Ay Ariannita! el corazón se me pone tan pequeño, siento que soy como un niño por lo soñadora que me vuelvo y luego como una guerrera que es golpeada por los embates de esta situación, a la que no le tengo miedo, sin embargo, cada tanto me escondo en mi caparazón como una tortuguita y no leo ni veo noticias; diría una manera de desintoxicarme, porque cuando eres soñador y te niegas a dar tu brazo a torcer ante la negatividad, te tildan de vivir en una nube, entonces termino luchando contra la situación y contra los negativos. Es que las personas negativas no saben que los soñadores tambien decaemos, el secreto está en sentir la rabía, la tristeza, el horror, las lagrimas, sentirlas en cada centimetro de ti, cada molecula y luego liberarla como si sueltas un gran bolso lleno de rocas con las que no piensas construir nada; allí, en ese hermoso instante estamos evolucionando.

    Escribo esto para darte las gracias por ser de la generación de salmones, por gritar todo el tiempo no estan solos, ayudarme aún sin conocerme y en la distancia, a saber que ser soñadores, los locos soñadores son los que cambian el mundo.

    Te escribe una chama que cree en el país, está haciendo una maestría y ayudando a vencer las sombras en su hermosa UCV, aunque me apaguen la luz pues yo llevaré mi vela.

  • Mi querida Ari, en estos últimos meses he sentido un deseo profundo de irme del país, principalmente por la necesidad que siento de vivir algo de normalidad. Sin embargo no es una decisión fácil, no sólo por la parte económica sino principalmente porque siempre recuerdo cuando tu mamá ha dicho que los países no se abandonan. Porque amo Venezuela y lo tanto que nos ofrece su naturaleza generosa. Y leyéndote de mezclan en mi corazón sentimientos encontrados… Y cuando paso aquí en Mérida dos horas bajo el sol, esperando un bus todo estartalado para llegar a mi casa es cuando pienso “Ya me harté de todo esto!” y mis pensamientos y sentimientos de vuelven de nuevo un pastel.
    Muy a pesar de todo esto, mientras siga aquí lo sigo intentando. Buscando siempre la mejor manera de echar para adelante y hacer, dentro de mis posibilidades, lo que considero correcto, para mi y para los otros. No dejo de emprender porque hacerlo es sentir que aún en este país se puede ser creativo, proactivo y continuar.
    Un gran amapuche.

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