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La Pequeña comeflor

Venezuela: lo que no vi, lo que veo y lo que creo

No soy una viajera desarraigada.

Aunque el mundo entero me produce curiosidad y explorarlo es mi pasión y profesión, necesito un lugar al que volver, un lugar que me produzca la paz para continuar esta vida nómada, una sensación de arraigo que cree orden en el caos.

Ese lugar está en Caracas, la capital de Venezuela, el país donde crecí, donde tengo mis más grandes afectos y recuerdos.

Ese lugar está abatido hoy por la zozobra, el miedo y la violencia.

Nunca imaginé que me tocaría vivir en una dictadura. Tampoco imaginé antes que sería un problema conseguir medicinas, alimentos o papel higiénico, no pude prever que me daría terror salir de mi casa después de las 6 de la tarde por miedo a ser secuestrada o robada, jamás hice el ejercicio de pensar en cuán doloroso sería que la mayoría de mis familiares y amigos dejaran el país para hacer lejos su futuro, que solicitar elegir mi destino con elecciones sería algo tan cuesta arriba, que exigirlo e insistir en ello me llevaría a semanas de protesta en la calle, a tragar gases lacrimógenos, a partirme el alma por los muertos, desaparecidos y encarcelados, por la injusticia del poder, por la represión y la soberbia como política de Estado.

Sí, tengo ya 18 años viviendo en el Chavismo y sí, claro que sabía que esto no podía terminar bien, que tanto odio inoculado desde el poder terminaría por explotarle en la cara a alguien, que la violencia sólo generaría más violencia y que un régimen acostumbrado a hacer lo que le da la gana no suelta el poder así no más.

Entonces, como no supe ver lo que pasaría y no sé qué va a pasar, voy a limitarme a relatarles lo que he visto durante un mes de protestas en Caracas.

Desde que comenzaron las protestas he estado en la calle. Sólo me ausenté tres días por un compromiso de trabajo en Panamá y regresé.

En estos gigantescos encuentros de venezolanos en la calle he visto rabia, impotencia y frustración, pero también solidaridad, voluntad y valentía. He visto señoras maquilladas y de blanco impoluto, señoras humildes de zapatillitas bajas, gente joven, niños, ancianos de cabelleras blancas, muchachos de todos colores y muy diversos orígenes. Todos hartos de este gobierno que no responde a sus demandas, que los irrespeta, ignora y violenta. He visto a los jóvenes de la resistencia, muy jóvenes, acomodarse con guantes, máscaras, agua con bicarbonato, escudos de lo que sea que se consiguieron en la calle, lentes de natación y franelas cubriéndoles el rostro atravesar la multitud de protestantes que los aplaude y apoya. He visto como los que no estamos preparados para ser grupos de choque nos hemos quedado detrás de ellos apoyándolos, haciendo bulto, lavándoles la carita cuando salen asfixiados, dándoles advertencias, cariño y soporte. He visto a los estudiantes de medicina organizados en la Cruz Verde caminar en fila india esperando el grito de “paramédicos” para velozmente atender todos los casos que se presentan. He visto a los motorizados sacar muchachos heridos, doñas asfixiadas y gente en pánico en medio de la represión. He visto gente compartir información, comida, saludos, consejos y mucha agua con bicarbonato de sodio. Ayer un señor me la rociaba en la cara y ante mi impresión me decía, “no te asustes, estoy contigo”. He visto a is diputados en la calle, a chamos de mi propia generación que crecieron en la crisis y decidieron combatirla desde la política. He visto el miedo en los ojos de muchos, pero también lo he visto convertirse en decisión. He visto cómo ante los ataques de las fuerzas armadas nos replegamos, gritamos “no corran”, nos ayudamos, nos tranquilizamos y gritamos “somos más” para volver a intentarlo. He visto héroes temporales surgir y caer. He visto fuego, he visto sudor, he visto lágrimas, especialmente las mías que aún no he ido a una marcha de la que no regrese llorando de tristeza, rabia y frustración. Pero también he llorado de esperanza y de la ilusión que me produce esta hermandad venezolana que no se amilana porque quiere cambio, que claro que siente miedo, pero convierte el miedo en rebeldía, en desobediencia y en futuro.

También he visto al presidente comportarse como un lunático, al gobierno negarnos el derecho a la protesta, he visto cómo un piquete de Guardia Nacional Bolivariana de 50 militares armados con tanquetas y ballenas puede desoír y pisotear el llamado de cientos de miles de venezolanos que salen a la calle a exigir sus derechos, he visto paramilitares armados con el nombre de colectivos amedrentar a civiles desarmados, he visto a las “fuerzas del orden” disparar lacrimógenas directo a los manifestantes, los he visto golpear salvajemente a quienes salen a protestar, los he visto también correr en un par de ocasiones ante la furia de un movimiento civil que no se calma con nada, he visto mucho caos, violencia y represión.

También, y esto me duele mucho, he visto escalar el lenguaje bélico. No me sorprende entre las esferas del poder. Me preocupa que sucede entre ciudadanos comunes que se golpean, se insultan y se dejan de tratar como humanos porque tienen distintos pensamientos políticos. He visto gente en las redes sociales haciendo arenga de cómo insultaron a su oponente, de cómo hay que castigarlos, repudiarlos y humillarlos porque creyeron en un proyecto político u otro. Porque resulta que los gobiernos van y vienen, pero los chavistas y los opositores de calle vamos a tener que seguir viviendo juntos, vamos a tener que reconstruir TODOS JUNTOS este país, porque a la hora de la chiquita somos seres humanos y venezolanos antes que militantes de una tolda. Peor aún, he visto acusaciones entre quienes se supone que formamos parte de la misma tolda, que si estás afuera no puedes opinar, que si eres del este no entiendes, que si eres comeflor, que si eres radical.

Lo que he visto produce en mi una infinita tristeza mezclada con esperanza, indignación y desasosiego. Por eso me siento a escribir para decirles que una mejor Venezuela es posible, yo la he visto muchas veces, que es nuestra responsabilidad construirla, que no podemos deshacer con odio lo que con odio se construyó, que no podemos caer en los mismos errores, que lo más revolucionario y rebelde que existe es el amor y que aunque suene a lo más cursi del mundo, sólo dese el amor podemos construir.

Ser venezolana hoy es doloroso, pero no me puedo sentir más orgullosa de serlo.

Yo creo que lo vamos a lograr.

  • TE QUIERO, en mayúsculas. Que nos podamos abrazar en nuestra tierra es lo único que deseo, y que el próximo selfie que postee contigo sea con el Avila de fondo.

  • Bella, bellísima Dios te bendiga! De tal palo tal astilla:) También creo que el cambio positivo se va a lograr! Dios no se muda, somos más!

  • Amén Arianna, que asi sea: Lo vamos a lograr !!!!

  • “Yo creo que lo vamos a lograr.”… Amén chamita, Amén!!

  • Claro que sí, lo lograremos!!!

  • Rosleidy Rosales 4 May, 2017 a las 7:02 pm

    Inevitable llorar con tu escrito… siempre me conmueve leerte pero esta vez me conmovió profundamente. Vivo fuera del pais desde hace un año y la verdad duele muchísimo apreciar a distancia tanta destrucción…tanta maldad… tengo familiares y amistades de ese bando que tanto detesto…y si.. .lo detesto…me cuesta mucho modificar ese sentimiento y se que tal como dices debemos transformar ese sentimiento con base al amor….pero es muy difícil…al menos para mi…. y es un trabajo que debemos hacer todos Ari… sólo con la ayuda de Dios se logra… me gustaría sentirme tan optimista como tú…me gustaría decretar que lo lograremos y realmente creérmelo…. a seguir orando y poner todo en manos de Dios….

  • Te lo dije en persona y te lo repito! Eres grande!! Contagias buena vibra…. por cierto té tengo una propuesta con Guachipira para llevarla al exterior, búscame por Facebook y te pasó mis datos y conversamos!

  • La unica forma de ver todo este momento, cpn un poco de sociego, es verlo desde el amor. Estos guatdias y cuerpos de seguridad tienen una madre, y desde alli yo los miro, porque esas madtes tambien estan sufriendo. Graciad Ariana, mi bella Venezuela necesita muchos mensajes de esperanza y fe.

  • Muy de acuerdo contigo, …. solo me resta agregar a tus palabras, la energía tan fuerte, tan contagiante y tan bonita que yo he sentido cuando estoy en esas concentraciones, cerca de tantas personas unidas en un solo ideal ….

  • – El miedo es ese pequeño cuarto obscuro donde los negativos son revelados. – Michael Pritchard

    Como fotografa te pido QUE SIGAS REVELANDO!!!!!

  • “Yo creo que lo vamos a lograr.” .. llorando te digo Amén y mil veces Amén! Yo también lo creo..
    Un abrazo y mi admiración a ti, a gabo que me hizo llorar con su vídeo del Avila con el fondo de Willy tocando su violín y por supuesto a tu mami.

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