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La Pequeña comeflor

VUELA LIMA, VUELA

DCIM100GOPRO

Ocho pares de pies sobre la tierra. Dos son míos, pequeños e inquietos, llevo unos zapaticos rojos con plumas de colores dibujadas porque quiero jugar a elevarme. Detrás de mi hay otro par, es Tomy mi amigo desde hace muchos años y con quien volé por primera vez sobre el mar. A los lados veo dos pares de pies extraños, cuyas manos sujetan la estructura que me une al parapente.

Espero que me digan que corra, pero no es así en este vuelo. Un solo un sacudón indica que el ala del parapente está perfectamente inflada de aire sobre nuestras cabecitas embutidas en cascos, todos los dueños de pies grandes intercambian alguna palabras que no digiero. Nada más veo a mis dos pequeños piecitos emplumados en la tierra. Esperando despegar.

Las manos que pertenecen a los pies extraños se sueltan de nosotros. Levanto la mirada, ya elevada sobre Barrancos puedo ver todo el azul del mar y el cielo. Mis pies se despegan de golpe, doy pataditas breves, como de bebé contento o adulto asustado. He volado muchas veces en estos peroles locos, pero siempre siento miedo al principio, eso jamás lo he superado y espero que nunca se me quite. Es lo más emocionante. Ahora soy terrestre. Ahora soy pájaro. Ese cambio de condición tiene que venir con vértigo de ojos pelados.

Vuelo y abro los ojos tanto como puedo.

El día está muy azul en Lima, el mar gigantesco. Agarramos altura velozmente.

Tomy es venezolano, tiene una buena cantidad de años en Lima por lo que tenemos un montón de tiempo sin vernos y este vuelo es nuestro momento de ponernos al día. Hablamos de la vida en pareja, la de cada uno, la de los amigos en común, de cuán importante es hacer equipo, de por qué me divorcié, de cómo ahora soy feliz de nuevo, de que viajo mucho, de su novia belga que quiere volver a Bélgica, de los novios y novias que tuvimos antes, de qué aprendimos, en qué nos equivocamos. Hablamos de Venezuela, de cómo duele, de cómo se siente estar allá, de cómo la siente desde aquí, de si es reparable, si un día volverá, de si he pensado en irme, de qué es emigrar, qué es quedarse, qué es extrañar. Hablamos de la fotografía, de la naturaleza, de los viajes, de la luz, de andar, de estar vivo.

Bajo mis pies alados y pequeños hierve una Lima soleada.

La gente en la playa se ve mínima sobre las toallas de colores. Los carros son piecitas cromáticas que se deslizan sobre unas rayas negras rodeadas de verdes entre un barranco alto de tierra amarilla y la inmensidad del azul profundo que es el Océano Pacífico. La corriente de Humboldt no amaina el furor de los surfistas que lucen como punticos negros sobre conchitas blancas mínimas sorteando olas. Un edificio está demasiado cerca a la izquierda, me pregunto qué se preguntan cuando ven gente volar. El Larco Mall está repleto de gente. Los días de sol limeños no los desperdicia nadie.

Recordamos que estoy grabando 3 Travel Bloggers y prendemos la camarita GoPro. Olvido que estoy grabando 3 Travel Bloggers y sólo veo mis pies y lo que está bajo ellos en lugar de sonreír y demostrar mi emoción voladora para el programa. Estoy completamente perdida entre mis pensamientos y la conversa. Me sorprende que tantos años de amistad se condensen en una conversación voladora tan lejos de casa. Nos reímos mucho, nos falta la lima de uñas para ser las peluqueras del aire con este set aéreo de chismes. Me quejo de que no podamos vernos más y entiendo que aunque suena jipi, el momento es ahora y lo tengo.

Agradezco.

Tengo a Lima bajo mis pies, tengo el cielo entero sobre el ala de un parapente que cubre mi cabecita pensativa, tengo a Tomy mi amigo que se ríe mucho y alto, -lo puedo escuchar hasta en contra viento- tengo a mis amigos viajeros esperándome en tierra y abanicando los brazos cada vez que paso cerca, tengo la barriga repleta de ceviche fresco, tengo los ojos repletos de azul brillante. Tengo la vida aquí condensada mientras juego a ser pajarito.

Tomy me dice que se puso fuerte el viento y vamos a regresar. Ahora tengo el mar a la izquierda y Lima a la derecha, Tomy detrás de mi y el cielo arriba, o alrededor. Da unas vueltas que se llaman radicales para bajar más eficientemente. Grito algo y me mareo un poco.

Cuatro pies tocan de nuevo la tierra. Tomy es muy bueno volando, la llegada es sutil. El ala cae leve sobre el suelo. Me quito el casco y el arnés para ponerme la sonrisa. Una que debe durarme varios días.

 

Para volar sobre Lima con Tomy, deben saber primero que se llama Thomás Schwarzer, que lo contactan por peru@autana.org, pero pronto, porque su novia de Bélgica estaba embarazada en ese momento, pero no lo sabíamos y ahora se va para Europa, pero en algún lugar seguirá volando. También pueden acercarse a la casilla de vuelos en Barranco cuando vean parapentes sobre el cielo, cuesta alrededor de los 200 y 300 soles según el piloto, dura 10 minutos y te ofrecen servicio de fotos y video porque está prohibido llevar cámara ni celular ni nada por seguridad -imagina que se te cae sobre el vidrio de un carro andando, por ejemplo-.

Otra manera de volar sobre Lima, es viendo esta belleza de capítulo que hicimos, mucha comida deliciosa, más risas, museos, caminatas, cultura, bailes y hasta un cementerio, no dejen de verlo: